martes, 3 de marzo de 2009

Proceso de digestión (1 Marzo)



Las despedidas pueden ser hermosas
como lo son las despedidas del sol en el mar,
y las noches por ser noches 
no apagan las energías infinitas 
de infinitas estrellas infinitas.

No se marchitarán las flores
ni se acabarán los días.

No temáis.

No se cierne la noche eterna 
si las almas se lamen las heridas 
con humildad.

No se mutilan los pasos ya dados 
igual que no se borran los que no se dan.

Frágiles, qué frágiles somos.

Pero donde se toca la debilidad con los dedos
es donde está el espacio,
el momento,
ahí,
ahí la hora de comprender,
de afinar oído vista y olfato.

Si lo hacemos,
si aprendemos del temporal...
la caída no será ya caída,
el dolor no será ya dolor,
sino pasos de un camino que como es humano
es difícil,
y como es difícil
es lección.

lunes, 23 de febrero de 2009




Nunca me hizo regalos los días socialmente convenidos. Él celebraba otro tipo de cosas. 

El día que empezaba la primavera, por ejemplo, me llevaba a la playa para que llenara mis pulmones de brisa marina.

Hubo una luna llena en que me acostó en la cama, me espió y me hizo un dibujo en el que parecía que me brillara la piel como brillan los aullidos de un lobo.

Recuerdo también una tarde de paseo de verdes vivísimos en que me regaló una lluvia de pompas de jabón y me dijo:

- Para que te sueñes dentro, pequeña.

Lo decía porque sabía que nunca recuerdo mis sueños y que esto me entristece porque se me escapan muchas historias con ellos. Por eso, el regalo más especial de todos los que recibí en aquellos días fue aquella caja de zapatos.

Me desperté y estaba a los pies de mi cama, pintada de azul y con pequeñas conchas pegadas en la tapa. Dentro, decenas de papeles de diferentes colores que me contaron cosas como éstas:

 11/07/2006: Soñé que me elevaba sobre todos los miedos y perseguía un diente de león.

02/01/2007: Soñé que caminaba y caminaba y caminaba y justo cuando me iba a rendir encontré una fuente de aguas dulces.

Así cientos de sueños atrapados en una caja y liberados de su creador. Para mí. Me regalaba sus fantasías de los últimos meses y con ellas todas las claves posibles de su mapa. 

Tal vez no sirvieran para retener mis sueños, pero hicieron que me sintiera tan completamente amada que ya dejó de importarme para siempre su vocación fugitiva. 

Y aprendí desde entonces a buscar historias en la pequeñez de los días tranquilos, a leer en la infinitud de la cotidianidad. Aprendí que los sueños son libres cuando nosotros lo somos también. 

martes, 10 de febrero de 2009

Celebración del pecado

Frente al espejo te veo los ojos ígneos, el pecho abierto y las manos desquiciadas por retener mi cuerpo de anguila escurridiza.

Frente a un espejo me veo otra, me veo dueña, perversa y viva. Veo el impulso suicida y perdido de una pasión carnívora. Veo la animalidad de nuestros cuerpos, el descontrol de los movimientos espasmódicos, veo la invasión de mi cuerpo pequeño y redondeado.

Frente a ese espejo te vi mirarme, y me miré y mirarte fue como abrir un dique al que agrietaba ya la fuerza de una explosión incontenible.

Y al vernos en ese reflejo, al espiarnos el uno al otro con los ojos desorbitados, con cada poro profanado y cada gota apurada, me gustó descubrir que aquello no era sólo deseo, era el delicioso castigo desesperado que me infringía un culpable por tentarlo al pecado.


jueves, 5 de febrero de 2009

Anoche soñé contigo.

No recuerdo nada más, pero sé que fue contigo. Lo noté en mi cuerpo descontrolado, en mi piel estremecida y en el sabor dulzón de la duermevela.


Me metí en la ducha con la desorientación de la primera hora de la mañana e intenté retener alguna imagen, alguna visión aprovechable. Alguna clave.

No hace mucho me contaron que escuchar los sueños propios es una gran puerta hacia el conocimiento.

Pero no lo logré.

Mierda.

Será el agua que me despierta y arrastra por mi cuerpo los recuerdos de la narcosis.

Será que no quiero atrapar mis visiones por si enjaularlas a la fuerza puede hacer que me abandonen.

Será que sólo te quiero en sueños porque en ellos nadie es nadie y todos somos el mismo.

Será que mis sueños no son del todo míos.

O será que sólo soy en sueños el sueño de lo que no soy y no se quedan conmigo porque cuando despierto no me reconocen.

martes, 27 de enero de 2009



Nos hemos dicho adiós tantas veces que cada vez que nos encontramos se levanta el ciclón de una noche inaugural. 

Nos hemos prometido olvidarnos tantas otras que al final de tanto pensar en olvidarnos sólo nos pensamos sin poder olvidar.

Tantos adioses prematuros sólo nos sirven para perdernos en continuos besos de despedida. 

Nos concedemos infinitas "últimas noches" inflamados de pasión demente y seguros de tener voluntad...
 
...  nos aseguramos con rabia carnal ser amados por otros...

... amar a otros...

...tantas veces nos engañamos, nos mentimos, nos odiamos...

... nos maldecimos...

...tanto daño nos hacemos...

y tanto, tanto placer nos damos...

.... que ahora que hay vidas de distancia entre nosotros y nuestro último abrazo aún sentimos como un viento abrasador, destructor e incontenible la  primera caricia que nos encendió. 
...

jueves, 22 de enero de 2009




07:00 a.m

Te levantas perezosa. Ronroneas, gruñes... pero emprendes el rito de la huida.

No encuentras tu camiseta porque tu ropa está desperdigada por toda la habitación... la huella de una batalla urgente y arrebatada.

Por fin reúnes tu armadura. Te vistes. Le dejas un beso paciente en la frente. Querrías abrazarte al calor que desprende su cuerpo esta mañana ventada. Pero te vas. Eres débil, has de trabajar. No puedes entretenerte porque como te acerques mucho y se despierte vas a querer más. Mucho más. 

Vete. 

Corre.

Aléjate de esa habitación indecente que cuando den las 08:30 has de ser otra. Reinventarte. Sacudirte las imágenes de la entrega nocturna y olvidarte de los impulsos que te asaltaron al verlo entregado a sus sueños.

Venga, date prisa.

Si volvéis a veros cuéntale que crees que por fin te acuerdas de lo que sueñas al despertar.

Pero, venga, no te entretengas... 

que llegas tarde a tu vida

que él ha de volver a la suya.

Y todo vuelta a empezar.




martes, 20 de enero de 2009



Cuando llueve me desprendería de mis alas a cambio de un escondite privado bajo las mantas.

Sólo cuando llueve.

  

domingo, 11 de enero de 2009


...

"La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla"

Gabriel García Márquez.

...

Yo no sabía todas esas cosas. No las había pensado nunca, vaya.

Hasta que él me las descubrió.

Me contaba historias cuando nos tumbábamos desnudos en una cama. Recorría mi cuerpo con sus labios y de sus labios escuché cuentos fantásticos inventados para mí. 

Me decía que el lunar de mi cintura era en realidad la estrella traviesa y fugitiva de una constelación. Que mi manía de tocarme la cara al hablar provenía de los ritos secretos de mis antepasados: libélulas nacaradas que se relamían pegando las manos a la nariz y se convertían en hadas.

Me enseñó que la cicatriz de mi tobillo izquierdo es en realidad, y sin ningún género de dudas, una media luna impresa por ésta en mi piel, y que por eso siempre estoy pendiente de las mareas. De mi diente torcido me dijo que las perlas auténticas son siempre imperfectas, sobre mis cabellos revueltos me explicó que yo (¡cómo era posible que no hubiese entendido las señales!) estaba en proceso de convertirme en sirena y que éstas, todo el mundo lo sabe, tienen complicaciones para peinarse.

Aquella cama fue muchas tardes una máquina del tiempo, un avión, un arco iris, un tren antiguo, una nave espacial, una alfombra mágica... 

... aquella habitación fue una fábrica de sueños...

... y aquellos sueños fueron tan libres... tanto... 

que ya nunca supimos dejar de volar.




martes, 6 de enero de 2009


Las hadas tienen la nariz colorada para que se mantenga siempre alerta, las manos frías para que cuando toquen algo se despierte inmediatamente y los ojos chispeantes para que los trasgos las encuentren en la oscuridad. 

Pero no vuelan con vestidos vaporosos ni nos enseñan sus alas. 

A veces te encuentras una en la parada del autobús. Si la reconoces se dará cuenta y te mirará traviesa. Si la logras te cantará al oído una noche y desaparecerá. 

Si amas a un hada, toda la vida te sabrán los besos a vainilla.

Hay hadas muy hermosas, hadas con caras graciosas, con expresión de rabieta... Hay hadas niñas, hadas mujer, hadas viejecillas.

No son malas, tampoco del todo buenas. Al fin y al cabo son hadas, no santas.

Ellas tienen unas ganas incontenibles, incontrolables, inabordables de vivir... y lo contagian. Así que cuando una se te cuela en la vida ya nunca dejarás de maldecirle las alas para que no pueda escaparse nunca más.

Pero cuídate de ellas, porque al final siempre se las apañan para fugarse y te quedará una pena muy grande. La pena por haber perdido un hada sólo se cura escuchando la voz de una libélula pero...bufff...menudas son las libélulas. Preguntadle a las flores....

martes, 30 de diciembre de 2008



Esa pequeña respondona de las medias de colores que sin que me lo espere me empuja contra un portal para comerme la boca. A mí, un  mendigo de su cuerpo.

Esa que me envía relatos eróticos que me vuelven loco en el trabajo.

A la que dibujé una tarde de tormenta desnuda y dormida porque me enloqueció su entrega absoluta al sueño.

Esa a la que tengo y no tengo, esa que se escapa y de la que me alejo. 

Esa que me dice que soy un capullo incontenible, que no hay manera, que no puedo ser así... pero que luego me lo hace desaforada.

Esa a la que meto en la bañera y a la que miro el cuerpo.

A la que espié un día en la intimidad de su habitación, cuando se probaba sombreros... y pensé que nunca dejaría de dolerme tanto deseo.

Esa que se dejó una bufanda en mi casa que olía a su piel, que secuestré y por la que exigí un rescate de depravaciones.

Esa que me dice que la quieren otros, otros a los que yo mataría, a los que quemaría y arrancaría los ojos...

....esa dulce y perversa, tranquila e impaciente a la que no tengo valor para tener... ni voluntad para dejar de amar.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Tacto




La gama de colores es infinita en la oscuridad, cuando nos guían nuestras manos. 

Cierra los ojos.

Frente a frente desliza tus manos como leyendo, como buscando. Despacio, comprendiendo el recorrido.

Primero por mi frente despierta. Tranquilo, no tiembles, tranquilo.

Te llegan al tacto mis cejas y un poco después se te despiertan en las yemas mis párpados temblorosos, como pajarillos asustados. 

Ahora te posas en mi nariz colorada. Empieza a transitarla con tus pulgares, deslízalos desde su nacimiento como si acariciaras una flor abierta.

Las palmas de tus manos están ahora en mis mejillas y pronto alcanzas mis labios, ya encendidos, que te reciben ávidos y humedecidos. En este punto escuchas. Los labios le susurran a nuestras manos qué le pasa al cuerpo que peregrinamos. Y si entiendes el mensaje tus caricias aprenden a ser su voz, aprenden a curar y a decir. Enseñan a cada poro de la piel ajena el placer del estremecimiento insospechado.

Busca el cuello. Sin prisa. Recrea con tus manos como si esculpieras paciente. Recoge los escalofríos entre tus dedos y devuelve esa energía encrespada a mis pechos, a mis brazos, a todos los secretos de mi cuerpo.

Si has escuchado bien sabrás mucho, habrás registrado en tu memoria  todas las respuestas de mi piel. Entenderás sus sacudidas espontáneas y sabrás buscar sus reflejos placenteros.

La ceguera hace de las manos habilísimas exploradoras del los deleites absolutos. 

Tú sólo cierra los ojos. 

Que ahora temblaré yo.

domingo, 14 de diciembre de 2008





Entraron los tres a hacer la compra. Ella con un niño de unos diez años y el carrito en el que dormitaba otro de dos.

No era la primera vez que entraba aquí. Se notaba en la resolución de su dirección. Sabía dónde estaba todo y cómo dominar a los dos pequeños para que la dejaran hacer la compra tranquila. 

Miraba precios, comparaba, negaba caprichos inasumibles y sabía ceder en los escasos. Los pequeños así no percibían la sombra de su precariedad. Una auténtica matriarca.

Formaban una imagen demoledora. Vestida con un jersey un par de tallas mayor que sus huesos, acaso un poco desfasado, pero con una trenza brillantísima y perfecta sobre su hombro que reivindicaba la dignidad de la pobreza. El del medio, el de los diez años, llevaba un abrigo de corte femenino no evidente, pero sí detectable. Iban vestidos con ropa que no era para sus cuerpecitos, llevaban en su apariencia el estigma de la herencia fraternal. Olían a jabón los tres. Como si ella les inculcase inflexible que mientras fuesen limpios nadie olería su pobreza.

Llegaron a caja. 

Comida precocinada, congelados, paquetes enormes de cereales y mucha leche... era una compra que decía a gritos: " nadie nos ha dicho nunca lo que necesitamos, así que nos arreglamos con no pasar hambre".

Cuando iba a pagar ella se dio cuenta de que le faltaba un poco de dinero. Sólo un poco. La situación no debía ser detectada por los pequeños. No, no. La situación no debía ser detectada por nadie. Ojeó las bolsas...y prescindió de un pequeño cuaderno de tapas duras. Se reprendió interiormente por no haber calculado bien... pero dejó el cuaderno en caja con una naturalidad que casi... casi hacía invisible la ilusión rota. Ese cuaderno debía de ser muy importante para ella. Pero se fue a casa sin él y censurándose por haberse dejado llevar por su egoísmo al colar ese antojo en el carro de la compra. El mes que viene no volvería a pasar. Además, el pequeño necesitaba calcetines nuevos.

Ella y el niño de los diez años metieron las bolsas en un carro y salieron. Cargaba ella, claro, y esta vez le fue más difícil disimular el esfuerzo que esto le suponía. Ese carro debía de pesar más que su cuerpo. El mediano llevaba el carricoche con el pequeño. 

Ellos no fueron nunca conscientes de que era imposible disimular su historia. Creían que pasaban inadvertidos, que muchos niños pasarían por el súper como ellos. 

Pero cómo no acusar la imagen... el de los diez años llevaba al de dos y la de los once los llevaba a todos. Cómo no ver, cómo no oler... cómo no sentir la valentía de la inocencia.

viernes, 5 de diciembre de 2008





En mis labios agotados
siempre
un silencio.

Es el sonido del pudor.

En mis ojos habitados
siempre
una ausencia.

La de la afonía de tu piel.

Aunque vas y vuelves
o porque vas y vuelves
tienes un poco de mi aliento y de mi sed

pero no te espero

y mientras no te espero

juego a que me devasten las noches

a que me invadan los sueños.

En el espacio de tus dudas

no te pienso

en el espacio de las mías

apuro los licores de mi cuerpo joven.

Cuando despiertes
reconstruye el camino que te perdió en mis brazos
y si me ves distinta, majara...

... no te asustes

será que anoche no estabas y

asolé el cuello de cualquier diciembre amado.

viernes, 28 de noviembre de 2008




A veces no sabemos explicarnos,

manifestar el cómo

y mucho menos el porqué.

Nos pasa a todos.

Es un espacio de lucidez indescifrable

en el que se nos enroscan las palabras

en el que se enredan las visiones

los delirios y los deseos.

Pero no sabemos explicarlo,

no podemos ponerle nombre

ni imaginarle forma.

Nos pasa en el amor

en el desamor.

También en la búsqueda de nuestro camino.

Nos pasa

en los claroscuros de las etapas intranquilas.

En las arenas movedizas del crecimiento.

Pero pienso

que todo lo que se remueve

todo lo que se retuerce

se agranda,

se sabe,

se crece.

Y aunque a veces duele

duele, duele

y a veces pica

y otras muerde.

... En la habitación propia

cuando se nos da la vuelta el día

en esa intimidad completa del pensamiento,

justito antes del viaje

del sueño...

ahí

ahí

... se nos descubre el sentido

el valor...

ahí encontramos la puerta.

Y después,

detrás de esa puerta

está la palabra que buscábamos.

La llave secreta de los secretos

que cada uno tiene sobre sí mismo

incluso para uno mismo.

domingo, 16 de noviembre de 2008

martes, 11 de noviembre de 2008



Súcubo porque en el desenfreno atolondrado de nuestra indecencia te bebo el alma y con ella me recreo en sueños cenagosos.

Súcubo porque con la sangre que nos removemos busco la forma de invadir la que te quede en calma.

Porque en el narcisismo frustrado me hago fuerte y eterna. Me hago con tus impulsos, me hago con tus pensamientos ocultos, con la sed de tu cuerpo, con el rastro de tu serenidad, me hago con los rastrojos de tu paz atropellada.

Súcubo porque si te muevo, si te tomo, si te dejo, si te rompo... es para echarles de comer a mis demonios y que éstos me sostengan la pluma.

Y tú íncubo, porque tus ojos alucinados en las postrimerías de la rendición al placer dicen, dicen no claro pero sí descifrable... que te pierdes por los infiernos dulces... y que te activa el desconsuelo de la incertidumbre.

viernes, 7 de noviembre de 2008

A Margarita Xirgú, por su magia imperecedera.


Dicen que su voz despertaba a las piedras, que sus ojos se comían los espacios.

Dicen que el Teatro de Mérida (espléndido, intimidatorio y vivo) palicedía con la Xirgú encendida.

Dicen que se arrancaba el alma en cada función y que la entregaba ciega en su vida.

Que Medea emergió de entre su piel y se hizo con cada una de sus venas. Que Unamuno recuperó para ellas el esplendor de su genio. Que Lorca se bebió sin pausa su talento y que ella se lo devolvió con un esplendor racial.

Que fue la más grande, y que cuando pisas sus escenarios aún se respira el perfume punzante de quien se deshace el cuerpo, de quien se vacía con honestidad y fuerza. Que aún huele a sus batallas, que las tablas besaron sus pasos y las butacas lloraron su exilio.

Margarita, la venus tarada, completa y deslumbrante de nuestro teatro.  
...

Ojalá que pronto puedas
correr por altas montañas
libre de tu camerino
como una corza de llamas.


García Lorca
...

sábado, 1 de noviembre de 2008


"Matías vende cupones encaramado a una pared en la estación de autobuses. Le acompaña Neo, un labrador negro de ojos pacientes y expresión satisfecha.

Neo se entretenía esa tarde jugando entusiasta con una pelota del tamaño de una mandarina. La mordía, la acorralaba entre sus pezuñas y le daba vueltas. 

En un despiste se le escapó y se alejó irremediablemente precipitándose por las escaleras que bajan a los andenes. Pero Neo no la persiguió. Aunque se estuviera alegrando el día con ella, ni pestañeó.

Observó con un inequívoco gesto de pena infinita cómo se perdía su rastro, siguió el peregrinaje de su juguete con sus ojos enfermos de tristeza, con una expresión de frustración inabarcable, con la misma expresión de pérdida que tendrían quienes se estuvieran despidiendo de su amante en los andenes de abajo. 

Pero no se movió porque no pensaba dejar solo a Matías ni el tiempo de un suspiro. Éste vivía ajeno al drama que se había desatado para su lazarillo, pero Neo no hizo nada para advertirle del problema. No quería inquietarle.

El gesto fue de una elocuencia abrumadora. Ni un titubeo, ni un tímido asomo de duda porque su fidelidad cierta, su fidelidad clara y entera le decía que no era sólo el custodio, el compañero de ese hombre. 

Neo sabía algo que no se aprende ni enseña, algo que forma parte de la intuición de la generosidad. Sabía que mientras se mantuviera a su lado, muy cerca, imperturbable... su amigo Matías no estaría ciego.

Así que no iba a moverse de allí. "

...

A Silvia, María y Kechu, que me prestaron sus ojos para ser capaz de ver esta historia.

lunes, 20 de octubre de 2008


CARA A:

- El último beso- me dijo- la última vez que te abrazo, que me tienes, la última que me acaricias, la última vez que me descubres.

Pero no es cierto. No puede serlo porque cuando deslizó dulcemente su lengua entre mis labios... cuando arrugó la nariz y me dijo: "Vete"... noté que mentía.

Que no quería echarme

ni olvidarme

ni perderme.

Mentía, sí, mentía.

Ella aún me quiere.

CARA B:

Cuando cerró la puerta me di una ducha fría.

Me costó resistirme a su sexualidad. Tan evidente, tan calurosa e hipnotizadora... 

Lo eché y me quedó el cuerpo encendido, cierto, por el calambre morboso de un beso lascivo y tierno. 

Levanté el teléfono:

-Estoy en la 114. Baja, que por fin estoy sola y tengo hambre de piel. 

sábado, 11 de octubre de 2008

Despierta, venga, despierta...





"Tan poquito me falta para quererla que no me resigno. 

En cada encuentro indago secretamente para descubrir qué ingrediente, qué ausencia me impide pensarla en las noches como se piensa cuando éstas dejan de ser de uno mismo. Cuando las noches se ponen el eco de la piel amada. Qué falta, maldita sea, qué falta...

Y me escucho.

Ella me activa, me ilusiona, me divierte y me estimula. Tan lejos, tan inalcanzable siempre... y tan vulnerable, tan cercana ahora. 

Escucho alejándome de los ruidos...y entiendo un poco más cuando dejo que fluyan mis verdades, mis mentiras, cuando dejo que por mis venas recorran impunes el veneno, el sermón, la tentación, el querer, el poder y el antídoto. Cuando me asumo aturdido y vanidoso. Sólo cuando abro todas las puertas...

veo.

Soy capaz de no poder necesitarla porque ella me necesita. Lo soy. 

Tal vez... tal vez si paseara muy cerca y no pudiera tocarla, lograrla... tal vez entonces...

Tal vez el ingrediente que no me encuentro sea su ausencia. 

Y si la pierdo, si me patea y se va cansada y rendida...  si la pierdo... despertaré y me golpearé por imbécil y me arrancaré la piel y me entregaré al delirio... pero mientras la posea las noches que se me antojen... no seré capaz de entregarle las otras que me restan para que las tome su recuerdo."

martes, 7 de octubre de 2008


Ella no quiere escucharlo y él no quiere decirlo.

Sorda y mudo, entonces, se refugian en su mundo clandestino, provocador y demente. Un mundo en el que el lenguaje que los une es el de la complicidad, el deseo y el intercambio.

Se encuentran entre las idas y venidas de sus vidas. Sus otras vidas, que no tienen nada o poco que ver con la que los lleva de vez en cuando a pertenecerse en la intimidad de la 106, la 208... o donde quiera que puedan hacerse con cuatro pareces que los protejan, los escondan y les guarden el secreto.

El secreto es secreto porque no pueden tenerse. Pero pueden elevarse esporádicamente y coquetear con el espejismo de un amante. Reinventarse.

Pueden saberse el cuerpo del otro y al salir, al cerrar la puerta, tomar aire y caminar absueltos hacia su otro destino. Sin reproches, sin nada que objetar. Se lo dan todo y no se deben nada.

Pero es cuando las caricias pacientes... es cuando ella lo acuna y protege, cuando él le besa los hombros y la busca inconsciente en la lucidez de la duermevela... es cuando se tienen en silencio cuando parece que no es que ella no quiera escuchar, que no es que él no quiera decir...

Es en la evidencia de los abrazos eternos donde se preguntan si es que no escuchan... no dicen... porque no pueden. No deben.

Donde dudan si esas cuatro paredes mantienen el encantamiento de los exilios momentáneos de sus rutinas... o son cuatro carceleros que les asfixian la valentía para decirse...

... aunque no puedan...

... aunque no deban...


...que se quieren.

domingo, 5 de octubre de 2008

Notas de una merienda




Qué frío hace.

Estoy en un banco perdido perdida en una ciudad desangelada,
tan ordenada que no te permite fantasear
tan rápida que no te permite deambular.

Pero yo fantaseo y deambulo porque hace frío y quería que la ciudad me contara algo.
Salí a buscarla y la encontré en este banco.

En el río.

En el silencio y en el espacio abierto. 

En los dos cisnes blancos que fotografié con tan poca fortuna pero que me rescataron la fascinación de la infancia. 

En el libro que me prestaron esta semana y que todavía me golpea, que se me presenta en sueños y me habla de lo puro, de lo mezquino y de mirarse al espejo con franqueza para no perecer ante ese reflejo. 

Hedda me cuenta, yo sentada y engullendo una salchicha con un nombre impronunciable, que asimilarnos es duro y a veces injusto para quienes nos rodean...pero también la única forma de amar las miserias propias. Pero me lo cuenta desde lo dolorosamente hermoso de la tragedia. Desde los ecos de Medea. Desde la determinación de Antígona y desde las frustraciones de Electra.

Tengo mucho frío, 

el otoño estaba insinuando en Galicia...

...pero esta ciudad parece estar dibujada en invierno...

...hermosa...pero intratable.

Me voy al centro a escuchar acentos exóticos y sentir el vértigo de lo indescifrable...aquí se quedan estas notas, que me he quedado ya sin comida.

sábado, 27 de septiembre de 2008





Un día te despiertas y piensas...

- Ésta es mi guarida y esta mañana la he compartido.

Respiras y sigues pensando...

- Esta noche no he echado de menos la cama para mí sola.

Miras a tu izquierda y un pensamiento fugaz te atropella...

- Me gusta cómo se duerme a su lado.

Y te alarmas porque te lees...

- Querría dormir más noches así de cerca.

Y te levantas de la cama y te vistes y tienes prisa y te acojonas y te vas y no te despides y no vuelves a llamarle ni a contestarle y quieres olvidarte de su cara  pero siempre te acuerdas de que se duerme muy bien entre sus brazos pero como saliste de la cama y tenías prisa y te acojonaste y te fuiste y no te despediste y no volviste a llamarle ni a contestarle y te has acabado olvidando de su cara... te aguantas y aprendes que se puede escapar de muchas cosas pero no de la  propia estupidez.

Y sigues durmiendo sola.

sábado, 20 de septiembre de 2008





Le hacía el amor y el placer de su cuerpo vino al mío cuando asomaban a mis ojos las lágrimas tempranas de un llanto mudo. 

Lágrimas calladas que perlaban mi cara, serpenteaban hasta mi cuello y se dormían en mis pechos. 

Qué fuerza tiene la mezcla del sexo y la pena, la de la piel y el adiós.

Qué profundo amar llorando, qué extraño el cóctel del placer y el dolor. La sensación está loca y esquizofrénica, el orgasmo es vertiginoso y bipolar.

 El adiós es también menos adiós, la pena menos pena y la piel afónica escucha diferente, nueva y perceptiva. Si se puede soñar despierta también se puede gozar llorando.

La rebelión más elocuente de la ternura.

domingo, 14 de septiembre de 2008




Tocaba absorto. Perdido. Tocaba y entre pieza y pieza miraba a su alrededor buscando una persona que le escuchara. El restaurante estaba lleno y las voces que venían de las mesas ahogaban sus notas. Nadie le miraba, nadie hacía caso a su piano.

Se acariciaba la calva y se colocaba el cuello de la chaqueta cuando terminaba de entregarnos un gran éxito de los 40 principales, y se frotaba las manos apagado y frustrado cuando nadie notaba que entre nosotros estaba flotando Mozart.

Yo estaba en el piso de arriba y le observaba como una entomóloga observa un escarabajo tropical extinto. Cada gesto de abatimiento, cada nota dedicada al vacío, a la banalidad de un cumpleaños etílico... le apagaba los ojos y le convertía en un triste elemento decorativo. Él se compadecía en cada segundo de silencio y se resignaba a ser un detalle más en el proyecto de un restaurante. No importa, amigo, pensaba yo. Pero no te encojas para tocar a Bach, no te encojas porque aunque el ambiente no sea el que soñabas, yo moriría por poder arrancar de entre mis dedos, aunque fuera en el peor escenario posible, cualquiera de las historias que nos cuentas con tus manos.

Amigo, no palidezcas, que el ser humano es el único ser capaz de morir de vergüenza. Y no puede morir así nadie que lea los sueños de Terpsícore cuando el resto bramamos ciegos y sordos.


No puede marchitarse así nadie que sepa estar solo rodeado de gente sin perder el pulso por la dignidad.

miércoles, 10 de septiembre de 2008





Él estaba acostado en la cama y, acostada también, apoyé mi cabeza en su pecho y de esta forma mis pies besaban sus pies.

domingo, 7 de septiembre de 2008


Vacías las cuencas de mis ojos,

como vacíos los ayeres,

como vacíos los mañanas.


Desgarrados los recuerdos

esta noche

sólo busco

una palabra cierta que me rescate.


Un destino.


Un sentido para cada paso dado,

para cada aliento perdido,

para el alma vendida y

las sienes rotas.


Me escuchas,

sé que me escuchas cuando

te escribo,

como me miras cuando

te beso.


Te llega hoy un alarido

desordenado, desconcertado

herido

que dice:

"cómo duele la vida,

el zarpazo,

el tiempo perdido.

Cómo duele la vida,

abrázame esta noche

y se acabe este pensamiento"

sábado, 23 de agosto de 2008



Puede que la piel saciada pero el alma yerma.

Puede que los labios secos a pesar de la cama insomne.

Puede también que la huella de sus manos 
emerja alguna noche hambrienta. 
Puede que no con su cara. 
Puede que con otro cuerpo y otro nombre.

Puede que no le quiera y puede que le necesite.

Puede que no le soporte y 
puede que la rabia de no saberle 
me escupa estos versos tarados.

Puede que este final sea una mierda pero

puede

también puede

que sea el mejor posible.

viernes, 15 de agosto de 2008



...

Las mariposas más hermosas no soportan que nadie les acaricie las alas. Éstas se marchitan si alguien, embrujado por su belleza, extiende su mano y las roza siquiera. 

Pueden morir si esto sucede. Es la contradicción más dolorosa y bella que existe. Tan inefablemente espléndidas... y tan inalcanzables.

Hay que esperar a que la mariposa, en pleno vuelo, se pose en nuestra mano  para poder tocarla sin herirla. 

Hay que esperar a que se sienta pletórica y viva para que descanse en la piel de una sin miedo a que le dañes las alas. Recordemos que, si esto pasa, la mariposa más hermosa puede morir de pena. Porque aunque sus alas brillen de mil colores es frágil y tiende a la melancolía. 

Las mariposas más hermosas también necesitan alimento y se lo procuran besando alguna flor, pero la flor ha de tener mucho cuidado. Mucho tacto. Hay que saber que a la mariposa más hermosa se le pude hacer mucho daño con una caricia, se le puede robar el color de sus alas y, no nos olvidemos, enfermarla de pena.

Las mariposas más hermosas se rompen casi sin querer. Y si las observas quietas, tranquilas, sin que se sientan acechadas, te das cuenta de que no soportan ser tocadas porque temen convertirse en gusanos si alguien les hiere las alas.

Pero un gusano de seda, les digo, siempre puede, si descansa y no es abrumado, convertirse de nuevo en la metáfora viva de la belleza. 

Un gusano de seda no es un gusano, es una mariposa dormida. 

Y aunque admiro su belleza frágil y honesta, yo elijo una condena en una guarida de seda antes que aletear en la eternidad tentadora y atormentada. 
...

miércoles, 6 de agosto de 2008






-Entonces...¿te vas?
- Me voy, y así protegeremos nuestros recuerdos de nosotros mismos.

.....

"Adiós paseaba mucho para pensar y para pensarse. Esto lo había hecho muy sabio. Solía hacerlo solo, pero se había acostumbrado.

Él, que también deambulaba buscando su camino, se lo encontró y le dijo:

- Adiós, necesito tu ayuda. He de romper un corazón y no reúno valor para hacerlo.

- Estoy aquí, no temas. Preséntame honestamente, sin excusas, y todo saldrá bien.

Caminaron juntos, en silencio pero escuchándose, hasta encontrarla.

No hizo falta que Adiós dijera nada. Ella leyó en sus ojos el peso de su acompañante.

Sólo un abrazo. Quejumbroso, lento, resignado. Y un beso. Pequeño, perdido y cierto.

Cuando ambos emprendieron el camino de regreso a sus vidas Él le dijo a Adiós:

- Gracias por ayudarme amigo. Yo solo no habría podido hacerlo.

- Yo no he hecho nada- le contestó- Me llevabas en la cadencia de tus pasos, en la lejanía de tu mirada. En las tardes monótonas y en los besos de soslayo. En cada noche desabrida, en cada caricia programada, en cada palabra vacía me llevabas. Ella me sentía. Me olía. También me esperaba, ya me deseaba. Hoy no has roto un corazón, amigo, hoy has sanado dos. Hoy has curado dos almas encerradas en el tic tac de un reloj.

Cada uno siguió su camino. Adiós siguió paseando y dejándose ser encontrado. Él siguió el suyo habiendo aprendido que un punto final a tiempo anuncia los mañanas claros y mantiene hermosos los ayeres hermosos."

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domingo, 3 de agosto de 2008





- Cuando te vi pensé: "esta niña es un duendecillo". Cuando te escuché sentí que tenías alma de hada miliciana. Luego te leí y descubrí que eres la marea alta en una noche cerrada.

- Te cuento un secreto: la luna es mentirosa. Cuando escribe que crece, miente. Cuando escribe que decrece, engaña. La luna llena apaga una parte del cielo. La luna ciega, sin embargo, te deja ver la infinitud del cielo estrellado.

-¡Qué mentirosa!

...

jueves, 24 de julio de 2008






Unha historia inacabada. Para que a rematedes vós. Para que voedes e compartades o fruto desa viaxe.


- ¿Me olvidarás?
- Desde luego...voy a intentarlo.

...
...


" Se escapó un par de días y se presentó en la puerta de mi casa. Con lo puesto. Una mochila con un par de mudas y la valentía entre los dientes.

- Vengo para quedarme.

Y me miró esperando el golpe del primer asalto. No lo recibió, yo no entendía nada pero verlo en el umbral de mi puerta mendigando un espacio en mi vida me desarmó. Ni él mismo podia creerse lo que estaba haciendo.

Le invité a pasar, claro. Preparé un par de tés londinenses con regusto a vainilla y me senté a su lado en el sofá.

- Supongo que sabes que esto que me pides no tiene pies ni cabeza.
- Sé que te costará encontrarle sentido.

Intenté comprender porqué, casi dos años después, aparecía en mi ciudad con el propósito de dejar su vida y meterse en otra conmigo. Dos años en los que, le constaba, había conseguido reinventarme después de que me abandonara.

- He venido porque necesitaba tenerte cerca.

- ¿Después de dos años? - reprimí un: “¿¿¡¡dos años después de dejarme muerta de dolor!!??

Estaba siendo cruel en el fondo y dulcísima en las formas. No podia evitarlo, aunque me sentía mal por no sentir nada por él. Después de todo, aquella era la locura más enternecedora que habían cometido por mí.

- Solo déjame quedarme un par de días. Un par de días contigo. Como antes. Un teatrillo de lo que fuimos tú y yo. Y si después es lo que quieres, me iré.

La propuesta era tentadora. Aunque cures las heridas siempre es agradable reeditar los mejores momentos. Pero le conocía bien. Si aceptaba jugar a la pareja feliz con él luego sufriría, irremediablemente, un leve psíndrome de abstinencia. Él lo aprovecharía inteligentemente y puede que en unos meses volviera a perder la cabeza. Porque aunque sabía que era un tramposo, me gustaban sus trampas.

- No, lo siento. Ya no te echo nunca de menos.


Desconcierto. Nerviosismo. Se tocaba el pelo y me miraba a mí y al suelo intermitentemente.

- Vaya...-masculló- supongo que entonces estoy haciendo el imbécil.
- No, se agradece . Aunque llegue tarde.
- Te lo debía, ¿no?- y esbozó una sonrisa clarísima.

Yo jugueteaba con los bordes de mi taza de té y él se entregó un segundo absorto al movimiento de mis manos. Con la mirada perdida encendió un cigarro. Dos caladas lentas y reunió fuerzas.

- No he vuelto a ser el mismo desde que te fuiste de mi vida.
- No me fui, me echaste.-sentencié.

Acusó, esta vez sí, el golpe directo.

- Fui un cobarde. Lo estoy pagando.

Respiré hondo. Me mordí el labio inferior.

- Pues ahora no me pidas que pague contigo.
- Necesito…escribirnos. Como antes. No he vuelto a escribir nada que merezca la pena.

Y, por fin, le encontraba sentido a todo. 

He ahí la verdadera razón. Dos años de sequía creativa le habían obligado a perseguir la razón de sus momentos más fructíferos. No me pareció mal, sino una solución desesperada. 

Mezquina, pero desesperada.

- No me buscas a mí entonces, te buscas a tí mismo.

...

lunes, 21 de julio de 2008





Un fantasma.

Yo soy el fantasma que queda del espacio de tus besos.

El que sale entre acto y acto
para la ilusión de un te quiero.

El que gime con los restos de tus abrazos.

Soy yo. Muy en silencio.

El fantasma que espera,
el fantasma de carne,
de piel, 
de anhelos.

El fantasma ciego que palpa en la oscuridad 
de los sueños.

Soy yo.

Casi etéreo,
casi hermoso,
casi vivo.

Soy yo que floto entre tus párpados
no para tenerte
ni para entenderte,
sino para recuperar
el momento
en que tus labios descosieron mis labios 
y escucharon un...

... te

 es

pe

ro...

martes, 15 de julio de 2008




Y vuelo, vuelo alto y el viento que levanto
 me sabe a verano, a sol, a noche,
me sabe a las hogueras que enciendo, 
me sabe a las olas que me tocan,
que se van y vuelven.
Me sabe a ese vaivén justísimo 
que dice que  si no saltas una
las siguientes tardan un solo segundo en llegar.

Ahora estoy en la orilla y se me acercan.

La primera me trae un olor a mar purísimo y
se me pega a la piel en un abrazo libre y salado.

La segunda parecía retirarse vencida pero llega y 
me lame los pies codiciosa y abierta.

La tercera me fue invisible hasta que me salpicó la cara y
me despertó hambrienta y fantástica.

Las olas que me envuelven
también me marean,
también me calman, 
me alcanzan
me inspiran, me desnudan
y alguna me logra.

Cuál de ellas me cure me lo susurrará el tiempo,
el mismo que no tenemos
el mismo que no te cedo,
el que me sirve para curarme
el que me dice que la orilla del mar está rebosante
de imágenes, momentos, caricias, huídas, recuerdos

y otros bálsamos para olvidar.

viernes, 4 de julio de 2008


aúuuuuuuuuuuu...

...que aún la piensas...


aúuuuuuuuuu...


...que aún le espero...


aúuuuuuuuuu...


Qué hacemos tú y yo, tontos, jugando a querernos...


...si tú aún le aúllas a la luna llena...


...si yo todavía aúllo al viento helado...
...

martes, 1 de julio de 2008





- Cariño, ven de mi lado.
- ¡Nos quitan el sitio Samuel!
- Pues nos sentamos en otro sitio mujer.
- Pero muy juntos que sino me da el frío.

....

" Se arreglaron para el paseo dominical. Ella lleva un vestido de flores, él estrena camisa corta y chaleco. Están guapos y se sienten guapos.

Se sientan en un banco del parque para disfrutar juntos del silencio, para cerrar los ojos y sentir cada centímetro de la brisa.

Siempre eligen el mismo banco porque se recuerdan enamorándose en él. Bueno, en realidad el banco ha cambiado. Esto les entristeció porque habían grabado sus nombres en el viejo. Pero una tarde de besos rebautizó al nuevo y los reconcilió con él.

Él la mira con la ternura a borbotones y ella le responde apoyando, siempre coqueta, la cabeza en su hombro.

No son dos enamorados más en un parque.

No puedo dejar de mirarles por la explosión de mutua gratitud que irradian. No puedo evitar conmoverme cuando él le aparta un mechón de la frente con la suavidad de un suspiro y ella agradece el gesto entrelazando sus dedos y besando, muy quedamente, su mano.

Ella se llama Laura. Él es Samuel.

No son sólo una pareja en un parque. No son sólo dos ancianos acompañándose. Son dos amantes en un banco, sólo queriéndose.

Yo les miro y pienso que la próxima vez que vea dos nombres en un banco no veré sólo dos nombres. Veré a Laura y a Samuel. O a María y a Pablo. O a Lorena y a Natalia. 

Veré...una historia. "

jueves, 26 de junio de 2008




Fue un segundo. Se acercó a mí y me lo pidió. No mediaron palabras, sólo la sensación de que se iba, la de que no volvería.

Fue un segundo. Un silencio clamoroso. 

Y se fue.

miércoles, 18 de junio de 2008




- Escríbeme algo pequeña.

- No soy pequeña, soy mayor.

- Sí pequeña, eres demasiado mayor. Escríbeme, que tú eres mi sabia de bolsillo.

...

"Me desperté y me estaba mirando. Eso no me gusta. No se espía a la gente cuando sueña. Gruñí un poco y me desperecé entre sábanas ajenas. Por la noche fueron mi guarida, pero por la mañana me sentía como un insecto  atrapado en una tela de araña. El pobre bicho iba volando, volando...y se dejó cazar.

- Me voy, tengo cosas que hacer.

- No te vayas niña. Ven aquí un momento. Luego ya te dejo escapar.

Me cogió de la mano y me llevó al salón. Me pareció curioso:

- Te escondes aquí, ¿verdad?

- No te rías, nunca traigo mujeres a mi salón.

Era su rincón. Lo comprendí con la primera visual. Su habitación era perfectamente impersonal... pero aquel espacio nuevo era un desnudo integral. Sus libros desordenados, caóticos, manoseados, pintarrajeados... su música escrupulosamente enfilada, casi alfabetizada. Y un montón, un auténtico montón de papeles, libretas, incluso servilletas como lienzos esporádicos, urgentes.

Y una guitarra eléctrica.

- ¿Me cantas algo?

- No sé cantar, pero siéntate.

Y me miraba con ojos de tener el JaqueMate a un suspiro. Dejé de cotillear entre sus libros y me senté:

- No toques muy bien no me vaya a enamorar. No quiero enamorarme de alguien que se carga una edición especial de Zweig.

Y empezó a sonar algo que me era familiar...

... una nana.

Una de mis nanas.

Me descolocó. Un momento. Espera... iba a ironizar sobre lo curioso de ver cómo unos brazos de malote tatuados tañían una guitarra eléctrica para tocar una canción infantil... frivolizar un poco y esconder los coloretes de la rendición. Pero me callé y escuché la canción con la que habían empezado tantos sueños de mi niñez.

Cinco minutos antes urdía la forma más protocolaria de no volver a cruzarme con él. Ahora me abrazaba y le dejaba sentirme humana y débil a cambio de que evocara conmigo, también humano y débil, imágenes de antes de ser mayores.

Nos quedamos dormidos en ese sofá destartalado, agotados de entregas personales. Cuando me desperté ya no estaba. A mi lado una nota que decía:

"La tarareaste medio dormida"

Touché, pensé. Tocada y hundida. Apunté en el mismo papel un:

"Gracias por hacerme pequeña"

Recogí mis cosas y me marché. Sin un teléfono siquiera, y sin intención de dejar el mío.

No lo he vuelto a ver, pero me quedó la historia, la sensación de haber encontrado vida en mi planeta... y la pena de no poder enamorarme de alguien que se carga una edición especial de Zweig."

....




martes, 17 de junio de 2008





Te quebré.

Te ahogué la mirada, 
la que hablaba,
la que  me sonreía,
con la que desperté al mundo perverso
al tierno
al cómplice
al imposible.

Me entregaste tus brazos abiertos,
desnudos,
vulnerables y tristes.
Yo te los llené de fantasías,
de noche insomnes,
de sábanas rendidas y

después...

huí.

Sin adioses, sin mañanas.
Te dejé solo,
roto
y te sentiste los huesos del festín.

Aunque dudes
me tuviste absolutamente.
Yo me vacié en cada momento,
en cada caricia y

sin embargo...

...corrí.

No lejos, 
pero sí remoto.

No invisible, 
pero sí inalcanzable.

Desenfrenada...desencajada...injusta.

Ahora pienso en la palabra perdida,
en la adeudada,
en la merecida...y siento...

que si no exigieras

si comprendieras
sin nada con lo que poder comprender

si no necesitases arañar...

podrías

seguro

pensar en el dolor de la huída,
en la herida abierta,
en el ala inútil
en el porqué...en el porqué no.

podrías...

sin una sóla pregunta

perdonar.