martes, 1 de septiembre de 2009



Como una colilla que se consume en la repisa de una ventana, nuestro amor se apaga un poco cuando lo tenemos. Y yo siento que me llegas tarde y que no me llegas a llegar del todo.

Pero, sin embargo, te ruego:

Déjame cogerte, morderte, 
vencerte.

Déjate dejarte y mírame mirarte, amor.

Deja que te encierre,
que te seque,
que te acabe.

Piérdete en mis silencios y
entre mis piernas.

Abandónate a mis juegos,
que tus sueños afilen mis colmillos,
que tu cuello se parta en mil caricias y 
que yo pueda, sin palabras,
borrarte 
cuando
suene 
el 
timbre 
de 
mi 
despertador.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Buffff. Hacía tiempo que no me corría esto por el estómago.... Bufffff!!!

MâKtü[b] dijo...

Saber aprovechar al máximo antes de que todo se acabe es un virtud

Chousa da Alcandra dijo...

Vaia, lendo o primeiro comentario pola metade, case pensei que lograras levar ó Anónimo ao cénit coas tuas verbas...
;-)

Borja F. Caamaño dijo...

Siempre tan evocadora y profunda...

Me alegro de volver a leerte.

Un fuerte abrazo desde el Otro Lado

Cannán dijo...

Hay que bien me hace leerte y de un solo tajo emocionarme!

Abrazo