
Después de comer cada uno se fue por su lado. Entonces se sentó en un banco y se lió un pitillo.
Con cada bocanada cerraba los ojos dándose minúsculos y mecánicos golpecitos en una pierna con la mano izquierda.
Se puso unas gafas de sol, se mordió el labio inferior un buen rato mirando al vacío y con aire resolutivo se recogió el pelo, dobló sus piernas en posición india e hizo dos columnas en una de las páginas de su cuaderno.
En el lado derecho escribió:
- Meterme en una cama con sábanas recién lavadas.
- Un día de sol inesperado.
- Un día de sol inesperado.
- Encender la radio y que suene la canción en la que pensaba.
- Que me acaricien el pelo.
- Los calcetines de colores.
- Abrir el buzón y encontrar una carta entre las facturas.
- El tacto de una pluma sobre un papel grueso.
- Tener tiempo para cocinar algo rico.
- La carne roja.
- Un ataque de risa.
- El olor a bebé.
- Hacer el amor por la mañana.
- Descubrir un libro que me cambie.
- La pregunta inesperada y sorprendente de un niño.
- Un viaje en coche a altas hora con la persona oportuna.
- Una tarde de domingo lluvioso entre mantas y buen cine.
- Entrar en un mesón de mala muerte a comer y descubrir auténticos manjares.
- El olor de los libros nuevos.
- El primer baño del verano en el mar.
Mordió el capuchón del bolígrafo casi inconscientemente y pareció volver a sumirse en dudas y elucubraciones.
Se quitó las gafas de sol, se acomodó de nuevo en el banco y en la columna izquierda del cuaderno escribió:
- Que no me quiere.