jueves, 14 de mayo de 2009


Había convencido a algunos de sus compañeros de clase para que repartieran por el colegio un papel calumniando a un compañero.

Ahora habían hecho bajar a todos los niños al salón de actos. El jefe de estudios esgrimía en alto uno de los ejemplares y apelaba a la dignidad para que el culpable diese un paso al frente y evitara un castigo colectivo.

Todas las miradas estaban sobre él porque todos esperábamos un ejercicio de dignidad. Pero permanecía impasible, frío. Fueron algunos de sus compañeros los que decidieron cargar sobre sus espaldas la autoría de aquel ejemplo de mezquindad.

- Fuimos nosotros, somos los responsables.

Pero tampoco en aquel momento se decidió a decir algo, tampoco para ayudar a sus amigos, sus cómplices, los compañeros que, bajo su influencia, habían entrado en el juego de degradar anónimamente.

Si en aquel momento se hubiese puesto en pie y hubiese dicho alto y rotundo: - "Yo lo ideé, yo lo escribí, yo lo repartí. Yo, yo y sólo yo."- además de evitarles el castigo a los intrépidos, hubiese conseguido que el gesto permaneciese en la memoria de todos. Habría conquistado una parcela de respeto colectivo.

Pero el silencio, el más absoluto silencio y la cabeza alta a pesar de todo... me hizo pensar en la indecencia de la cobardía, en el inocente arrojado al vacío, en la naturaleza de ese niño. En su capacidad para poner en marcha el ruido y para esconderse ante la respuesta. 

Me hizo pensar que el silencio es virtud o arma en función de si lo esgrime el humilde o el villano.

8 comentarios:

Silmarwen dijo...

¿De qué se hace un tirano? De la vileza de muchos y la cobardía de todos.

Napoleón dijo una vez "No hay que temer a los que tienen otra opinión, sino a aquellos que tienen otra opinión pero son demasiado cobardes para manifestarla".

MâKtü[b] dijo...

el silencio... el silencio es más fuerte de lo que podemos imaginar y esconde más de lo que podemos pensar...

L. Celeiro dijo...

El silencio puede ser un escudo increvantable para aquel que no encuentra las palabras o un escondite perfecto para el que reniega de ellas.

Hacía mucho que no pasaba por aquí. Besos desde Ourense.

Lu dijo...

Los niños es lo que tienen, muchas veces les puede el miedo, la cobardía, a veces la vergüenza... pero solo a veces.

Hoy he presenciado algo parecido en el patio: 3 enanos descascarillando la pintura del suelo y quedandose las laminillas. Cuando se dieron cuento que estaba viéndolos, automáticamente cada uno echó las laminitas en el montón del de al lado y dijo "yo no fui". Tenían 4 y 5 años, 4 y 5!!!!

Esa es la edad de hacer niñatadas y comprobar y aprender que NO funcionan...

Chousa da Alcandra dijo...

Aquelo de que "caladiño estás máis guapo" non sempre é certo. Ás veces hai que ser feo, carallo!!.
En ocasións por cobardía pura e dura e outras por omisión, a penitencia polo pecado dos silentes é o desprezo dos que o observan.

E logo non che apetece pasarte unha fin de semana de moca nunha Casa Rural galega?. Pásate polo meu blog e mira o sinxelo que é participar no sorteo que lanza Julio Cougil dende a súa bitácora

El Ángel... dijo...

Los cobardes siempre se ocultan tras las sombras y el anonimato.

Saludos

Anónimo dijo...

.. cuando entendí aquello de " a lo hecho , pecho " dejé de ser un niño y me hice un hombre ... que pena !!

Cesc dijo...

Los silencios a veces pueden ser más ruidosos e incómodos que muchos ruidos juntos...